domingo, diciembre 09, 2007

Todas estamos heridas de muerte


Un elefante
se retira a la selva
resuelto a encontrarse consigo mismo
a solas
sin un dios me lo dio, dios me lo quitó
y sin el acompañamiento
del duque de Borja (Borgia)
cuando Felipe II le puso el encargo
de presidir el funeral de una reina
(una de las 4 mujeres que el rey más amó).

Entonces él, un duque enamorado de su reina,
vio en el camino
cómo se descomponía la belleza en el ataúd.

Por eso dijo:
“nunca más servir a señores que son de este mundo”.

Tomó el hábito, dejó atrás al galán,
y se convirtió en san Francisco de Borja.

Del libro inédito: Elefante

4 comentarios:

el auténtico infante dijo...

ohhhhhhhhhh vine a verla y encontré esta historia edificante . pensaré si seguir el ejemplo de ese noble y dejar esta vida licenciosa que no lleva a parte alguna o en todo caso a la misma parte siempre.

suyo

Anónimo dijo...

No sea leso, Infante, siga con su vida licenciosa, mire que como usted bien lo dice, el camino que uno elija, lo llevará siempre a la misma parte que es ninguna...

Mis besos desencantados para vuesa mercé

Dortora Therese

mentecato dijo...

Una delicia volver a leerte.

Un abrazo.

angel dijo...

Gracias por este poema, por este espacio. Mis mejores deseos para el año recién nacido.



Saludos....