jueves, junio 28, 2007

El viaje


Por Landen Romei
Estudiante norteamericana
Washington University in St Louis
Program in Chile


“¿La señorita quisiera un vaso de agua?” le preguntó la azafata.
“Sí, por favor,” Sofía respondió en su inglés medio roto.
Una voz joven y masculina al lado de ella le preguntó, “¿De dónde es usted? Tiene acento raro.”
Ella le dijo orgullosamente, “Soy de Finlandia,” pero ni lo miró. Enfocó sus ojos en el asiento frente ella. La azafata inclinó hacia Sofía con el vaso de agua.
“¿Señorita?”
El tipo al lado de ella tomó el vaso y lo puso en la bandeja.
“Gracias,” Sofía le susurró con un poco de vergüenza.
“No hay problema,” le respondió el extraño. “Me llamo Nathan. ¿Qué hacía en Sur África?” Cuidadosamente, Nathan tomó la mano de Sofía y le dio el vaso. La miró por entera. Su cara era agradable pero con líneas de preocupación tras el frente que la daban una apariencia de sabiduría y tristeza. En vez de parecer vacíos como él había creído que fueran, sus ojos azules parecían contener una memoria larga y detallada. Y algo le pareció conocido.
“¿Te gusta lo que vez?” Ella le preguntó con una media sonrisa.
“Perdón. No pensé…” Nathan tartamudeó.
“Está bien,” ella respondió. “Estuve en Ciudad del Cabo para comenzar una vida sola. Mi familia en Finlandia no me dejaba vivir después…” ella se detuvo un momento.
“¿Después de qué?” Nathan quería saber toda la historia de esta mujer misteriosa que le dio un sentido inesperado de nostalgia.
“Después de que mi papá murió en la montaña”
“Oh… lo siento. ¿Qué pasó?”
Sofía tomó un poco de agua. “Mi papá me llevó al fondo de la montaña Everest cuando tenía tres años. Él iba a subir con un guía el próximo día. Pero esa noche tuvo un ataque al corazón. Cayó frente de mí y en vez de ayudarlo, me quedé mirándolo, sin poder moverme.
“Mirando?” Preguntó con duda.
“Sí, pero cuando los médicos llegaron, me encontraron inconsciente. Desperté en el hospital pero cuando abrí los ojos, todo se quedó negro. Desde entonces… pues, tú sabes.”
“Dios Mío. ¿Y por qué vuelves a Finlandia ahora?” Su voz temblaba un poco.
“Mi perro murió, entonces, ya no tengo guía. Además, necesito encontrar a la madre del perro. Mi mamá la tiene o por lo menos, la tenía. Sólo ella puede dar a luz a otro guía tan inteligente.”
Nathan le preguntó, “¿No echas de menos a tu familia para nada?”
“Cuando mi papá murió, mi mamá se volvió loca. Mi hermana mayor y yo fuimos a vivir con los abuelos. Poco después, huí a Ciudad del Cabo. Hace unos años ella me mandó una carta acerca de un hermano menor. Mi mamá había dado a luz poco después de que mi papá murió, pero nunca he conocido a ese hermano. Ni me importa. Mi objetivo es subir la montaña Everest porque mi papá nunca pudo. Y necesito un perro para hacer eso. Por eso vuelvo, no por la familia que casi nunca tuve.”
El avión se sacudió y el piloto dijo, “Tenemos un poco de turbulencia. Por favor, abrochen los cinturones.”
El agua se había derramado encima de los dos. Nathan indicó como pretexto ir a limpiarse en el baño y desapareció. Cuando volvió, ella no pudo ver sus ojos rojos ni el cariño con el que él la miró.
Pero ella sintió su presencia, “suficiente de mí. ¿Quién eres? ¿De dónde eres? Y por qué vas a Finlandia?”.
“Vuelvo a ver a mi mamá que está en el asilo mental en Helsinki,” respondió.
“Ah, qué lata. ¿Hace cuánto que está allí?”, le preguntó sin mucho interés.
“Desde que su marido se murió y su hija se quedó ciega,” Nathan le dijo a su hermana.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Buen giro final

sofiameissner@gmail.com dijo...

un cuento magnifico...yo estaba tan interesada desde el principio hasta el final, lo cual era tan sorprendido! como dicen en ingles, ''i didn't see it coming!''

mentecato dijo...

¡Formidable!

Amor dijo...

precioso
dale mi enhorabuena a la autora, y un beso grande para ti, thérèse,
amor