viernes, diciembre 18, 2009

Papá, ¡cuéntame otra vez!

He mirado hacia su casa muerta, papá,
más muerta, papá que usted, más muerta;
más muerta que usted en su propia muerte.

Ya no hay llantos, papá mío,
hay rasguños en el alma, solo hay,
más terribles, papá,
autor de libros y mis días,
más terribles, papito, que la propia muerte
la propia muerte que es la muerte suya.

Abra sus brazos, papá,
papá abra sus brazos
que allá voy, otra vez.

Yo, la más sigilosa,
la más profunda dueña suya,
suya como el gesto de mi sonrisa
más suya que el gesto extravagante de la muerte
que me quiso llevar la delantera.

Pase, usted, primero, hija —dice.
—Detrás de  usted, papá—
quiero querer,
ahora que solo van quedando
la piedad,
la sonrisa,
el gesto,
la voluntad,
la compasión por el género humano
que usted enarbolaba
como la más justa de las causas justas.

Y como el tango que tango nos gustaba:
"Nada te debo, nada me debes,
quedamos en paz".


                                           Yasmín Fauas, regalo de cumpleaños mío, 2005

Pero no quedamos
porque falta usted,
señor Alfonso.

5 comentarios:

Therese Bovary dijo...

Gracias por la vida, papá.

lila dijo...

Extraño...
volveré para comentar con calma.

Halvorsen dijo...

Me conmueve un amor tan grande que jamás conocí y que a través de tus palabras, trato de imaginar....

elisa...lichazul dijo...

un hermoso y sentido tributo

Anónimo dijo...

Therese: Expresas tus dolores con una intensidad que supera el imaginario de Dios.
Mi niñita hermosa eres de una trascendencia que asombra a la vida.
Te adoro
Gregorio Angelcos