Gilbert Becaud, Nathalie.
(A Cartas y Carteras ha llegado una página de las Memorias de Alfonso X, el Sabio. Quiero compartirlo con ustedes, mis buenos amigos de La Red ciberespacial).
¿Qué se hicieron los símbolos de la década del 60? Nathalie, el café Pushkin, la Plaza Roja, la tumba de Lenin y esa canción de Gilbert Becaud que invitaba al amor y a la nostalgia? ¿Qué fue del orden de la Revolución, de la alabanza del amor y el rechazo de la guerra? ¿Qué fue de los ídolos de Woodstock, de Jimmy Hendrix, de los poemas de Cardenal y de las líneas de fuego, del rescate de las barricadas, en París, ese mayo del 68?
Era la dulzura extraña de un mundo que llamaba al cambio, acunado por la música de los Rolling Stones y de los Beatles, por las canciones de Dalida y la lectura de "Rayuela", por Sartre que sentía como deber alentar a la juventud, pero estos, con desmesura y desparpajo, lo rechazaban por viejo y por "latero".
Todos querían ser jóvenes, ideólogos y hombres de acción. ¿Qué fue de tanta belleza y juventud?
Mi hija Teresa me lo ha preguntado más de una vez, porque entonces ella sólo tenía quince años y leía a Neruda y a Vallejo. Y ahora, ella me trae la pregunta en forma de canciones, las de Ismael Serrano, un hombre que ha tomado el relevo de la Nueva Trova cubana, de Joan Manuel Serrat y de Sabina. Una de ellas, cuyo nombre es "Papá, cuéntame otra vez", pone todo en claro. La copio aquí, en este "Diario", sin ánimo juvenilista y nostálgico, dado que, para mayo del 68, yo me acercaba a los 40 y me irritaba el desparpajo anárquico de los hechos, la irresponsabilidad y los tanteos de un poder que pondría las cosas en su lugar –como dice todo joven-.
"Papá, cuéntame otra vez ese cuento tan bonito/ de gendarmes y fascistas y estudiantes con flequillo./ Y dulce guerrilla urbana de pantalones de campana y canciones de los Rollings y niñas en minifalda./ Papá, cuéntame otra vez, todo lo que os divertisteis,/ estropeando la vejez a oxidados dictadores y cómo cantaste "Al Vent", y ocupasteis la Sorbona/ en aquel mayo francés en los días de vino y rosas./ Papá, cuéntame otra vez, esa historia tan bonita, de aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia,/ y cuyo fusil ya nadie se atrevió a tomar de nuevo,/ y cómo desde aquel día todo parece más feo./ Papá, cuéntame otra vez que tras tanta barricada, / y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada,/ al final de la partida no pudisteis hacer nada,/ y bajo los adoquines no había arena de playa./ Fue muy dura la derrota, todo lo que se soñaba/ se pudrió en los rincones,/ se cubrió de telarañas y ya nadie canta "Al Vent",/ ya no hay locos, ya no hay parias, pero tiene que llover,/ aún sigue sucia la plaza./ Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint-Denis,/ qué lejos queda Jean-Paul Sartre,/ muy lejos aquel París,/ sin embargo a veces pienso que al final/ todo dio igual; los ostias siguen cayendo sobre quien habla de más./ Y siguen los mismos muertos podridos de crueldad;/ ahora mueren en Bosnia, lo que morían en Vietnam,/ ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.../los que morían en Bosnia, ahora mueren en Bagdad,/ los que morían en Bosnia, ahora mueren en Bagdad".
La vida real ha dejado de ser una mascarada. ¡Adiós a todo eso!
Alfonso Calderón, "¿Qué distingue un día de otro?" (Diario, 2007) (Inédito)
Ismael Serrano, Papá, cuéntame otra vez.
Y para ilustrar mejor la atmósfera de lo aquí expuesto, me permito incorporar, a pedido del padre de Therese, estas músicas que he bajado especialmente para él.
(Imagen de la tumba de Dalida en Montmartre. Para saber más hacer click en las palabras ¿Qué se hicieron? y llegarán a un link que desarrolla el tema)
